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Comparte tu Cesta de Navidad! Maridar el queso, el vino y la cocina... cosa complicada.


 

La localidad cordobesa de Baena ha sido escenario de una actividad gastronómica que, por primera vez, no giraba en torno al extraordinario aceite virgen de la zona, sino a un producto sobre el que hay mucho que hablar: el queso. Hay mucho que hablar, y en Baena se habló. Fundamentalmente, de dos asuntos complicados: el acoplamiento de queso y el papel del queso en la cocina. Como digo, dos temas nada fáciles... aunque a mucha gente le parezcan sencillísimos.
El queso puede dar un juego magnífico en la cocina. Podemos utilizar quesos muy diversos en muchos tipos de ensaladas; sabemos que un queso rallado -hay que elegir cuál va mejor en cada caso- es ingrediente importantísimo en una sopa de verduras estilo minestrone, por no hablar de la tan francesa sopa de cebolla; el queso es fundamental en montones de platos de pasta, desde unos sencillos espaguetis, rallándolo encima en el último momento -no usen queso 'prerrallado': hagan la operación en su propia cocina o, mejor aún, en la mesa- o rellenando con él unos ravioles...

Con lo que no va el queso ni en pintura es con el pescado, aunque los antiguos griegos lo usasen. Y, aunque se trate de un plato muy extendido, sobre todo en las zonas de producción y en restaurantes asturianos, el solomillo al cabrales es, sencillamente, una barbaridad gastronómica, como lo son esas croquetas de cabrales que proliferan últimamente. Al cabrales, mejor dejarlo tal cual.
Sí; el queso puede dar mucho juego en cocina... si se usa con discernimiento. Ya sabemos que hoy proliferan visionarios que son capaces de poner en el plato cosas que acaban de conocerse y no piensan volver a salir juntas nunca; pero ésa es la cocina 'de autor' que aclama la mayoría de la crítica y que otros, simplemente, llevamos con paciencia.
Lo de los vinos... Otro problema, porque el español pide el queso, sobre todo, en dos momentos: como aperitivo o como postre. En el primer caso, es muy frecuente que lo tome con una caña de cerveza, o con un vino tinto; en el segundo, que pida "un poco de queso para acabar el vino", frase que en sí misma ya denota el nivel gastronómico de quien la pronuncia.
Es bastante difícil acoplar un vino y un queso. Para empezar, es misión imposible tomar, como suele hacerse en los restaurantes, tres o cuatro quesos diferentes con el mismo vino. Seguiremos afirmando que la mayoría de los quesos españoles, sobre todo los de oveja y los de cabra, pero también los de vaca en general, son quesos para vinos blancos... y el vino que hay que 'acabar' con queso en el restaurante suele ser un tinto.
Y oponer, que no acoplar, un gran Rioja o un gran Ribera a un potente y curado queso manchego, de oveja churra... es provocar un choque de locomotoras del cual no va a salir bien parada ninguna. En gastronomía, la suma de dos exquisiteces rarísima vez da como resultado una exquisitez superior.
En fin, sigamos regalando cestas de navidad donde encontremos productos que nos brinden la oportunidad de juntarnos en una mesa para degustar todos los productos tan buenos de nuestra tierra. ............Como regalo de Navidad  lo mejor es ofrecer algo para compartir con los seres queridos!


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